Hace cientos de tareas a la vez y casi nunca se queja. Por eso lo conocemos tan poco, y por eso conviene conocerlo.
El hígado ocupa la parte alta y derecha del abdomen, justo debajo del diafragma y protegido por las costillas. Es la glándula más grande del cuerpo: en un adulto supone en torno al 2 % del peso corporal, que en una persona de 70 kilos es algo más de kilo y cuarto. Tiene un color rojo oscuro, porque está empapado de sangre, y una consistencia blanda.
Su posición no es casual. Casi toda la sangre que sale del intestino, cargada con lo que acabas de comer y beber, pasa primero por el hígado antes de llegar al resto del cuerpo. Es el primer control por el que pasa todo lo que entra por la boca. Y como le llega de todo, le toca resolver muchos problemas distintos.
Cada tarea del hígado existe porque resuelve algo concreto.
Tras una comida abundante, llega al hígado una oleada de azúcar y de grasa. En vez de dejarla circular toda, el hígado guarda el azúcar en forma de glucógeno, una especie de reserva compacta, y empaqueta buena parte de la grasa para enviarla a donde se necesita o se almacena; otra parte la guarda él mismo. Así la sangre no se "satura" después de cada comida.
Es la otra cara del problema anterior. Cuando llevas horas sin comer, el hígado deshace su reserva de glucógeno y suelta azúcar a la sangre, sobre todo para el cerebro. A la vez, y cada vez más a medida que pasan las horas, fabrica azúcar nuevo a partir de otras piezas. Si el ayuno dura días, produce además un combustible alternativo, los cuerpos cetónicos. Además guarda vitaminas, como la A y la B12, para cuando escaseen.
El tóxico más cotidiano no viene de fuera: lo producimos nosotros. Al usar proteínas se libera amoníaco, una sustancia muy dañina para el cerebro, y el hígado lo convierte en urea, mucho menos tóxica, que se elimina por la orina. También transforma el alcohol y los medicamentos para que el cuerpo pueda expulsarlos. Y unas células vigilantes del hígado atrapan bacterias y restos que llegan desde el intestino.
Para que la sangre se coagule hace falta un equipo de proteínas, los factores de coagulación, que se activan en cadena cuando hay una herida. El hígado fabrica casi todas. Por eso, cuando el hígado está muy enfermo, una de las primeras cosas que se resienten es la capacidad de cerrar las heridas.
El hierro es imprescindible, pero en exceso es dañino, y el cuerpo no tiene una forma de expulsar el que sobra. La solución está en la entrada: el hígado guarda una reserva de hierro y fabrica una hormona, la hepcidina, que decide cuánto hierro se absorbe en el intestino. Con el cobre la estrategia es otra: el hígado sí lo expulsa, mezclándolo con la bilis.
Una hormona es un mensaje químico, y un mensaje que no se borra sigue dando órdenes. El hígado retira y desactiva muchas hormonas de la sangre. Por ejemplo, más de la mitad de la insulina que fabrica el páncreas se retira en su primer paso por el hígado. Y algunas hormonas, como la tiroidea, se transforman allí en su forma más activa.
Casi todos los órganos reciben sangre por una sola arteria. El hígado tiene dos entradas: la arteria hepática, que le trae oxígeno (alrededor de una cuarta parte de su sangre), y la vena porta, que le trae la sangre del intestino, el estómago, el páncreas y el bazo (alrededor de tres cuartas partes). Esa segunda entrada es la clave de todo el tema: el hígado ve antes que nadie lo que acabamos de absorber.
Cada vez que comes, ayunas, te cortas o tomas una pastilla, el hígado ya está trabajando en ello.
¿Algo que no hayas entendido, o que te gustaría comprender mejor? Pregunta con tus propias palabras.
En "Entender" viste seis problemas resueltos. Aquí vemos cómo lo hace exactamente, y al final, por qué el hígado tiene fama de órgano con superpoderes.
Después de comer, la glucosa absorbida llega por la vena porta y el hígado la capta en grandes cantidades. Una parte la encadena en largas moléculas de glucógeno, que es la forma compacta de guardar azúcar. La insulina, que también llega al hígado por la vena porta, es la señal que le dice "guarda".
Cuando entra más energía de la que cabe en esa reserva, el hígado convierte el excedente en grasa. Buena parte de esa grasa la empaqueta en unas partículas llamadas VLDL y la envía por la sangre a los tejidos que la usan o la almacenan. Otra parte se queda dentro del propio hígado, guardada en pequeñas gotas de grasa.
Curiosidad: el hígado es un órgano con zonas especializadas. Las células más cercanas a la entrada de sangre se dedican más a fabricar glucosa, y las del final del recorrido, más a guardar glucógeno. Un mismo órgano, distintos turnos de trabajo.
Términos para ir más allá: glucógeno, glucogénesis, vena porta, lipogénesis, VLDL, esteatosis hepática.
Entre comidas, y sobre todo durante la noche, el hígado hace lo contrario: rompe su glucógeno y libera glucosa a la sangre. Es el principal órgano capaz de soltar glucosa hacia la sangre, y esto es vital para el cerebro, que depende mucho de ella.
Pero no lo hace solo con su reserva. Desde las primeras horas sin comer, el hígado también fabrica glucosa nueva a partir de otras moléculas, como algunos aminoácidos y el glicerol de las grasas: es la gluconeogénesis. Tras una noche de ayuno ya aporta una parte importante de la glucosa, aunque todavía quede glucógeno, y su peso crece a medida que la reserva se va gastando. Si el ayuno dura días, además fabrica cuerpos cetónicos a partir de las grasas, un combustible que otros tejidos pueden aprovechar.
Curiosidad: el hígado es también un almacén de vitaminas. Guarda vitamina A en unas células especializadas y acumula vitamina B12 en exceso, de forma que una persona que deja de absorberla puede tardar mucho tiempo en notar su falta.
Términos para ir más allá: glucogenólisis, gluconeogénesis, cuerpos cetónicos, cetogénesis, células estrelladas (de Ito).
El amoníaco. Cada vez que el cuerpo usa proteínas, libera nitrógeno en forma de amoníaco, que es tóxico, sobre todo para el cerebro. El hígado lo atrapa y, mediante una cadena de reacciones llamada ciclo de la urea, lo convierte en urea, una molécula mucho menos tóxica que viaja hasta los riñones y sale con la orina.
Fármacos, alcohol y otras sustancias. Muchas sustancias extrañas se disuelven mal en agua y el cuerpo no puede eliminarlas tal cual. El hígado las procesa con dos tipos de reacciones. En unas las modifica, en gran parte gracias a una familia de enzimas llamada citocromo P450; en otras les "engancha" una molécula que las hace solubles en agua. Muchas sustancias pasan por ambas, una tras otra, pero no todas: algunas solo necesitan una de las dos, y el orden no siempre es el mismo. Así pueden salir por la orina o por la bilis.
Los vigilantes. En los pequeños vasos del hígado viven unas células del sistema inmunitario, las células de Kupffer, que retiran de la sangre bacterias y restos que llegan desde el intestino.
Curiosidad: como el hígado procesa tantos medicamentos, dos fármacos pueden interferir entre sí si compiten por las mismas enzimas. Es una de las razones por las que conviene contar al médico todo lo que se toma.
Términos para ir más allá: ciclo de la urea, citocromo P450, reacciones de fase I y fase II, conjugación, células de Kupffer.
Cerrar una herida requiere una cascada de proteínas que se activan unas a otras hasta formar una red de fibrina, el entramado que da firmeza al coágulo. El hígado fabrica prácticamente todos esos factores de coagulación. La mayoría salen de las propias células hepáticas, los hepatocitos; el factor VIII es una excepción curiosa, porque también se fabrica sobre todo en el hígado, pero lo producen las células que tapizan por dentro sus pequeños vasos. También fabrica las proteínas que frenan la coagulación, para que el coágulo no crezca más de la cuenta.
Para fabricar varios de estos factores, el hígado necesita vitamina K. Sin ella, los produce pero no funcionan bien.
Términos para ir más allá: cascada de coagulación, fibrinógeno, protrombina, vitamina K, factor VIII, células endoteliales sinusoidales, antitrombina, proteína C.
Hierro. El cuerpo humano no tiene un mecanismo regulado para expulsar el hierro sobrante: lo que se pierde es poco y casi no se puede ajustar. Por eso el control está en la entrada. El hígado mide cuánto hierro hay y fabrica en consecuencia una hormona, la hepcidina. Cuando hay mucho hierro, sube la hepcidina: el intestino absorbe menos, y los macrófagos (las células que reciclan el hierro de los glóbulos rojos viejos) y el propio hígado sueltan menos hierro a la sangre. Cuando falta, baja la hepcidina y ocurre lo contrario. Además, el hígado guarda una reserva de hierro para cuando haga falta.
Cobre. Con el cobre ocurre lo contrario: su principal vía de salida es la bilis. El hígado lo bombea hacia la bilis y termina eliminándose con las heces.
Curiosidad: cuando falla alguno de estos controles, el metal se acumula. Un exceso de hierro mal regulado es lo que ocurre en la hemocromatosis, y un fallo en la salida del cobre hacia la bilis es la causa de la enfermedad de Wilson.
Términos para ir más allá: hepcidina, ferroportina, ferritina, hemocromatosis, ATP7B, enfermedad de Wilson.
Las hormonas tienen que actuar y después desaparecer, o seguirían dando órdenes. El hígado es uno de los grandes órganos de retirada. La insulina es el ejemplo más claro: sale del páncreas directamente hacia la vena porta, así que el hígado es lo primero que encuentra, y en ese primer paso retira más de la mitad. Muchas hormonas esteroideas, como las sexuales, también se desactivan en el hígado antes de eliminarse.
Pero el hígado no solo borra mensajes: también los activa y los fabrica. Convierte parte de la hormona tiroidea en su forma más potente, y él mismo produce hormonas como la hepcidina, que ya viste en el bloque anterior.
Términos para ir más allá: aclaramiento hepático de insulina, primer paso hepático, conjugación de esteroides, desyodación de T4 a T3.
La albúmina. Es la proteína más abundante de la sangre, y la fabrican las células del hígado: entre 10 y 15 gramos al día. Su trabajo principal es retener agua dentro de los vasos sanguíneos, como una esponja que impide que el líquido se escape hacia los tejidos. Además, funciona como un transportista: lleva por la sangre sustancias que no se disuelven bien en agua, como la bilirrubina, algunas hormonas y muchos medicamentos.
El colesterol. El colesterol es imprescindible: forma parte de todas las membranas de las células y es la materia prima de varias hormonas. El hígado es el principal lugar donde se fabrica. También es el gran centro de control: capta de la sangre el colesterol que viaja en las partículas LDL, a través de unos receptores, y lo elimina. Y tiene dos formas de sacarlo del cuerpo, ambas por la bilis: lo expulsa tal cual o lo transforma en sales biliares. Es su principal vía de salida.
Curiosidad: cuando la albúmina baja mucho, por ejemplo en algunas enfermedades graves del hígado, el agua se escapa de los vasos y se acumula en los tejidos o en el abdomen. Es una de las razones por las que un hígado enfermo puede provocar hinchazón.
Términos para ir más allá: albúmina, presión oncótica, edema, colesterol, lipoproteínas LDL y HDL, receptor de LDL, ácidos biliares.
Después de ver lo que hace, toca lo que lo hace especial. Cuatro rasgos que lo distinguen de casi cualquier otro órgano.
1. Puede perder más de la mitad de sí mismo y volver a crecer.
En la mitología griega, un águila devoraba cada día el hígado de Prometeo, y cada noche este volvía a crecer. Hay algo de verdad en el mito. A una persona con el hígado sano se le puede extirpar más de la mitad del órgano, incluso alrededor de dos tercios, y lo que queda vuelve a crecer. Cuánto se puede quitar no tiene una cifra única: depende de cómo esté el hígado y de cada persona, y los cirujanos calculan antes de operar si lo que va a quedar será suficiente.
Hay un matiz importante: lo que se quita no vuelve a brotar. Lo que ocurre es que los trozos que quedan aumentan de tamaño hasta recuperar buena parte de la masa original, aunque con otra forma. En personas, el crecimiento es muy rápido al principio pero no llega a ser completo: en los donantes de un trozo de hígado, a los tres meses se ha recuperado de media en torno al 80 % del tamaño. Gracias a esto es posible el trasplante de donante vivo, en el que tanto el donante como el receptor acaban con un hígado que ha crecido.
2. Es una de las calderas del cuerpo.
Todo órgano que trabaja produce calor, y el hígado trabaja mucho. En reposo, genera en torno a una quinta parte de la energía que gasta el cuerpo, aunque solo pesa alrededor del 2 % del peso corporal. Por eso se le compara con una estufa. Pero no es la única: el cerebro, el corazón y los riñones también son muy activos, y cuando hace frío o hacemos ejercicio, son los músculos los que más calor añaden, por ejemplo al tiritar.
3. Tiene su propio camión de la basura: la bilis.
El hígado fabrica cada día alrededor de 600 mililitros de bilis. Este líquido amarillo verdoso cumple dos trabajos. Es un camión de la basura, porque se lleva lo que el cuerpo no puede expulsar por la orina: la bilirrubina (el resto de los glóbulos rojos viejos; en el intestino, las bacterias la transforman en estercobilina, el pigmento que da a las heces su color marrón), el colesterol sobrante, el cobre y algunos fármacos. Y es un detergente, porque sus sales biliares parten la grasa de la comida en gotitas más fáciles de digerir.
La bilis se guarda y se concentra en la vesícula biliar, y sale al intestino por el mismo punto que el jugo del páncreas, la ampolla de Vater. Y el camión además recicla: alrededor del 95 % de las sales biliares se reabsorben al final del intestino y vuelven al hígado para usarse de nuevo.
4. Es un órgano silencioso.
El interior del hígado apenas tiene terminaciones que avisen de dolor. Las que sí duelen están en su funda, una fina cápsula llamada cápsula de Glisson. Cuando el hígado se hincha y estira esa funda, aparece un dolor sordo en la parte alta y derecha del abdomen. Mientras no la estire, el hígado puede ir dañándose sin dar señales. Por eso muchas enfermedades del hígado se descubren tarde, a veces en un análisis de sangre hecho por otro motivo.
Términos para ir más allá: hepatectomía parcial, regeneración hepática, hipertrofia compensadora, remanente hepático, trasplante de donante vivo, sales biliares, circulación enterohepática, bilirrubina, cápsula de Glisson, estercobilina.
Lo que debería quedar después de "Profundizar":
El hígado trabaja en silencio y, si se le cuida, aguanta mucho; conocer sus oficios ayuda a entender por qué merece atención aunque no duela.
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Physiology, Liver Gratuitoen inglés
Resumen de las funciones del hígado: doble riego, coagulación, fármacos y vitaminas.
NCBI Bookshelf: NBK535438
Anatomy, Abdomen and Pelvis: Liver Gratuitoen inglés
Anatomía básica: dónde está el hígado, sus lóbulos y sus vasos.
NCBI Bookshelf: NBK500014
Energy metabolism in the liver Gratuitoen inglés
Cómo guarda, reparte y fabrica el hígado la glucosa y la grasa.
DOI: 10.1002/cphy.c130024
Increased rate of gluconeogenesis in type II diabetes mellitus. A 13C nuclear magnetic resonance study Gratuitoen inglés
Medición directa en personas: tras una noche sin comer, gran parte de la glucosa ya procede de la gluconeogénesis.
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Vitamin B12 Deficiency Gratuitoen inglés
El hígado como almacén de vitamina B12.
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Insulin and insulin resistance Gratuitoen inglés
Cuánta insulina retira el hígado en su primer paso.
Título: Insulin and insulin resistance Wilcox 2005
Human liver sinusoidal endothelial cells but not hepatocytes contain factor VIII en inglés
Muestra que el factor VIII del hígado lo fabrican las células de sus vasos, no los hepatocitos.
Título: Human liver sinusoidal endothelial cells but not hepatocytes contain factor VIII
Intersection of iron and copper metabolism in the mammalian intestine and liver Gratuitoen inglés
Cómo controla el hígado el hierro con la hepcidina y expulsa el cobre por la bilis.
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Physiology, Albumin Gratuitoen inglés
Qué es la albúmina, cuánta fabrica el hígado y para qué sirve.
NCBI Bookshelf: NBK459198
Disturbances in cholesterol homeostasis and non-alcoholic fatty liver diseases Gratuitoen inglés
El hígado como centro de control del colesterol: lo fabrica, lo capta y lo elimina por la bilis.
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Revisión clásica sobre cómo se regenera el hígado, con mención al mito de Prometeo.
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Liver regeneration after living donor transplantation: adult-to-adult living donor liver transplantation cohort study en inglés
Cuánto crece el hígado de donantes y receptores en los tres meses siguientes al trasplante.
Título: Liver regeneration after living donor transplantation Olthoff 2015
Impact of future remnant liver volume on post-hepatectomy regeneration in non-cirrhotic livers Gratuitoen inglés
Qué parte del hígado debe quedar tras una operación para que se regenere bien.
DOI: 10.3389/fsurg.2014.00010
Specific metabolic rates of major organs and tissues across adulthood Gratuitoen inglés
Cuánta energía gasta en reposo cada órgano, hígado incluido.
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Physiology, Temperature Regulation Gratuitoen inglés
Cómo produce y regula el cuerpo su calor, también al tiritar.
NCBI Bookshelf: NBK507838
Physiology, Bile Secretion Gratuitoen inglés
Qué lleva la bilis, cuánta se fabrica al día y cómo se reciclan las sales biliares.
NCBI Bookshelf: NBK470209
Neuroimmune modulation in liver pathophysiology Gratuitoen inglés
Los nervios del hígado y por qué el dolor aparece cuando se afecta su cápsula.
DOI: 10.1186/s12974-024-03181-w
Glisson's capsule Gratuitoen inglés
Ficha breve sobre la cápsula de Glisson y el dolor por distensión.
Título: Glisson's capsule Radiopaedia