Late unas 100.000 veces al día sin que se lo pidas. Es un músculo del tamaño de un puño con un encargo que no admite descansos largos.
El corazón es una obra maestra de ingeniería biológica. Para entenderlo hace falta un poco de física, porque mueve un líquido a presión y lo dirige con válvulas; otro poco de electricidad, porque cada latido nace de una chispa; y algo de biología, porque es un músculo vivo que también necesita alimentarse. Vamos por partes.
El corazón está en el centro del pecho, entre los dos pulmones, detrás del esternón y apoyado sobre el diafragma. No está "a la izquierda", como se suele decir: está casi en el centro, pero su punta apunta hacia abajo y a la izquierda, y unos dos tercios de su masa quedan de ese lado. Por eso el latido se nota mejor a la izquierda. Tiene más o menos el tamaño de un puño cerrado y en un adulto pesa entre 250 y 350 gramos, alrededor del 0,5 % del peso corporal. Es un músculo hueco, dividido por dentro en cuatro cámaras.
Su encargo es enorme. El cuerpo está formado por unos 30 billones de células, y casi todas necesitan recibir oxígeno y nutrientes sin parar, y librarse del dióxido de carbono y de otros desechos. La sangre es el reparto a domicilio, y el corazón es el motor que la mueve. Si se detiene, el cerebro empieza a sufrir daños en pocos minutos.
Cada pieza del corazón existe porque resuelve algo concreto.
El corazón no es una sola bomba, sino dos, unidas lado con lado y separadas por una pared. Cada una tiene una cámara de entrada, la aurícula, y una de salida, el ventrículo. La bomba derecha recibe la sangre que vuelve del cuerpo, pobre en oxígeno, y la envía a los pulmones, donde suelta el dióxido de carbono y se recarga de oxígeno: es el circuito menor. La bomba izquierda recibe esa sangre ya oxigenada y la impulsa con fuerza hacia la cabeza, los brazos, los órganos y las piernas: es el circuito mayor. Las dos laten a la vez, pero la sangre pasa primero por una y después por la otra, como dos tramos de un mismo viaje.
Cada vez que el corazón se contrae, la sangre podría escaparse hacia atrás. Lo impiden cuatro válvulas, una a la salida de cada cámara. Funcionan como puertas que solo se abren en una dirección: cuando la sangre empuja hacia delante, se abren; si intenta volver, la propia sangre las cierra. No "deciden" nada: se mueven porque la presión a un lado es mayor que al otro. Son puertas automáticas gobernadas por la física. Y su cierre es lo que oímos cuando escuchamos el corazón: los dos golpes del latido, el "lub-dub" que escucha el médico con el fonendoscopio.
No hace falta pensar "ahora late". El corazón lleva su propio marcapasos: un pequeño grupo de células, en la parte alta de la aurícula derecha, que produce una chispa eléctrica por sí mismo, una y otra vez. La señal recorre primero las aurículas, hace una breve pausa y después activa los ventrículos. ¿Por qué esa pausa? Porque conviene llenar antes de vaciar: da tiempo a que los ventrículos terminen de llenarse antes de contraerse.
Dormir, caminar o subir una cuesta no piden lo mismo. El corazón ajusta su trabajo de dos maneras: cambiando cuántas veces late por minuto y cuánta sangre expulsa en cada latido. En reposo mueve unos 5 litros por minuto, más o menos toda la sangre del cuerpo. En un esfuerzo intenso puede multiplicar esa cifra por cuatro, y en deportistas de élite, por siete. Las órdenes de acelerar o frenar le llegan por los nervios y por hormonas como la adrenalina.
Hay una paradoja bonita: el corazón está lleno de sangre, pero apenas puede alimentarse de la que pasa por dentro, porque su músculo es demasiado grueso. Por eso tiene sus propias tuberías, las arterias coronarias. Nacen de la aorta, justo a la salida del corazón, y lo rodean como una corona; de ahí su nombre. Se llevan alrededor del 5 % de toda la sangre que bombea.
Solemos pensar que el corazón trabaja sin parar, pero cada latido tiene dos tiempos: uno de contracción, en el que expulsa la sangre, y otro de relajación, en el que se vuelve a llenar. En reposo, la relajación ocupa más de la mitad de cada latido. Es su descanso, y no es tiempo perdido: es cuando se llena de sangre y cuando mejor se riega su propio músculo.
Mientras lees esto, tu corazón está moviendo unos 5 litros de sangre por minuto, sin pedirte permiso y sin hacer ruido.
¿Algo que no hayas entendido, o que te gustaría comprender mejor? Pregunta con tus propias palabras.
En "Entender" viste cinco problemas resueltos. Aquí vemos cómo lo hace exactamente, y al final, lo que hace asombroso a un motor que trabaja toda una vida.
El recorrido. La sangre que vuelve del cuerpo llega a la aurícula derecha por dos grandes venas: la vena cava superior, que trae la de la cabeza y los brazos, y la vena cava inferior, que trae la del abdomen y las piernas, incluida la que acaba de salir del hígado. Pasa al ventrículo derecho, que la envía por la arteria pulmonar a los pulmones. Vuelve cargada de oxígeno por las venas pulmonares a la aurícula izquierda, baja al ventrículo izquierdo y sale por la aorta hacia todo el cuerpo.
Dos presiones distintas. Los dos circuitos necesitan presiones muy diferentes. Los pulmones están cerca y son delicados: al ventrículo derecho le basta con empujar a unos 25 mmHg. El resto del cuerpo está lejos y ofrece mucha más resistencia: el ventrículo izquierdo tiene que empujar a unos 120 mmHg, casi cinco veces más. Por eso su pared es unas tres veces más gruesa que la del derecho. Tener dos bombas separadas permite que cada circuito trabaje a su presión, y además evita que la sangre con oxígeno se mezcle con la que no lo tiene.
Dos bombas, un mismo caudal. Como los circuitos van uno detrás del otro, las dos bombas tienen que mover exactamente la misma cantidad de sangre por minuto. Si una se quedara atrás, la sangre se acumularía detrás de ella.
Curiosidad: las arterias no se definen por llevar oxígeno, sino por salir del corazón; las venas, por volver a él. Por eso la arteria pulmonar lleva sangre pobre en oxígeno y las venas pulmonares, sangre oxigenada. Es la excepción que confunde a casi todo el mundo.
Términos para ir más allá: circulación pulmonar, circulación sistémica, venas cavas, arteria pulmonar, venas pulmonares, aorta, tabique interventricular, presión sistólica, foramen oval.
Cuatro puertas. Dos están entre cada aurícula y su ventrículo: la tricúspide, a la derecha, y la mitral, a la izquierda. Las otras dos están a la salida de los ventrículos: la pulmonar y la aórtica.
Velas con cuerdas. Las válvulas de entrada son como velas finas sujetas por unos cordones, las cuerdas tendinosas, que se anclan a pequeños músculos de la pared del ventrículo. Cuando el ventrículo se contrae, esos cordones se tensan e impiden que las velas se den la vuelta hacia la aurícula, como las cuerdas de un paracaídas.
Bolsillos de media luna. Las válvulas de salida tienen tres bolsillos en forma de media luna, por eso se llaman semilunares. Cuando la sangre intenta volver al ventrículo, llena esos bolsillos, que se hinchan y se juntan hasta cerrar el paso.
Ninguna válvula tiene músculo propio ni recibe órdenes: se abren y se cierran solo por diferencias de presión. Si la presión detrás de la válvula supera a la de delante, se abre; cuando esa diferencia se invierte, se cierra.
Sístole y diástole. Son dos palabras que se oyen mucho. Llamamos diástole al periodo en el que los ventrículos están relajados y se llenan de sangre, y sístole al periodo en el que se contraen y la expulsan. En cada latido, las válvulas se abren y se cierran siguiendo ese compás.
Curiosidad: el latido que se oye con el fonendoscopio son dos ruidos principales, y los dos son de cierre. El primero, S1 ("lub"), se asocia al cierre de las válvulas mitral y tricúspide al comenzar la sístole. El segundo, S2 ("dub"), se asocia al cierre de las válvulas aórtica y pulmonar al terminar la expulsión de la sangre. Un soplo es el ruido de una sangre que pasa con turbulencias; muchos son inocentes, pero a veces delatan una válvula que no abre o no cierra bien.
Términos para ir más allá: válvula tricúspide, válvula mitral, válvula pulmonar, válvula aórtica, válvulas semilunares, cuerdas tendinosas, músculos papilares, ruidos cardíacos, soplo cardíaco.
El marcapasos natural. Es el nodo sinusal, un pequeño grupo de células en la pared de la aurícula derecha, cerca de donde entra la vena cava superior. Sus células no tienen un reposo eléctrico estable: se van cargando poco a poco por sí solas hasta disparar una señal, y vuelven a empezar. Sin ninguna influencia externa, lo harían entre 80 y 100 veces por minuto; en reposo, con los nervios frenándolo, el pulso suele quedar entre 60 y 100.
El cableado. La señal se extiende por las aurículas, que se contraen, y llega al nodo auriculoventricular (nodo AV), la única puerta eléctrica entre aurículas y ventrículos. Allí se retrasa alrededor de una décima de segundo. Después baja muy deprisa por el haz de His, que se divide en dos ramas, una para cada ventrículo, y por las fibras de Purkinje, que reparten la señal por todo el músculo. Los ventrículos se contraen desde la punta hacia arriba, de modo que la sangre se exprime hacia las salidas, como un tubo de pasta de dientes.
El acelerador y el freno. El corazón marca el ritmo solo, pero el sistema nervioso lo ajusta. Los nervios simpáticos y la adrenalina lo aceleran y hacen cada latido más fuerte; el nervio vago lo frena. En reposo suele predominar el freno.
¿Cómo viaja una orden por un nervio?Tejidos · Tejido nerviosoCuriosidad: un corazón trasplantado llega sin sus nervios conectados, y aun así late, porque lleva su propio marcapasos. Como le falta el freno del nervio vago, en reposo suele latir más rápido: de media, en torno a 90 veces por minuto.
Términos para ir más allá: nodo sinusal (sinoauricular), nodo auriculoventricular, haz de His, fibras de Purkinje, automatismo cardíaco, sistema nervioso autónomo, nervio vago, electrocardiograma, arritmia.
La fórmula. La sangre que mueve el corazón en un minuto se llama gasto cardíaco, y es el resultado de multiplicar dos cosas: los latidos por minuto y la sangre que expulsa en cada latido. En reposo, unos 70 latidos de unos 70 mililitros dan unos 5 litros por minuto.
Más latidos. Durante el ejercicio, la frecuencia puede pasar de 60 o 70 latidos por minuto a más de 180 en una persona joven. La frecuencia máxima que se puede alcanzar baja con la edad.
Más sangre por latido. Cuanta más sangre llega al corazón, más se estira su músculo y con más fuerza se contrae: es la ley de Frank-Starling. Gracias a ella, el corazón expulsa por sí solo lo que le llega, sin acumularlo. A esto se suma la adrenalina, que hace cada contracción más enérgica.
El reparto. En el ejercicio no trabaja solo el corazón. Los vasos de los músculos que se mueven se abren, y los de otros órganos, como el intestino, se estrechan. Así, la mayor parte del caudal extra va a donde hace falta.
Curiosidad: los deportistas de resistencia desarrollan un corazón más grande, que expulsa más sangre en cada latido. Por eso pueden latir en reposo a 40 o 50 veces por minuto sin que sea un problema. Y durante el sueño, en cualquier persona, la frecuencia baja respecto a la de la vigilia.
Términos para ir más allá: gasto cardíaco, frecuencia cardíaca, volumen sistólico, ley de Frank-Starling, contractilidad, vasodilatación, corazón de atleta.
Las coronarias. La arteria coronaria derecha y la izquierda nacen de la aorta, justo por encima de la válvula aórtica. La izquierda se divide enseguida en dos grandes ramas. Todas recorren la superficie del corazón y se hunden en el músculo en ramas cada vez más finas. Reciben alrededor del 5 % de la sangre que bombea el corazón, aunque él solo pesa en torno al 0,5 % del cuerpo.
Riego a contratiempo. En la mayoría de los órganos, la sangre entra con más fuerza cuando el corazón se contrae. En el ventrículo izquierdo ocurre al revés: al contraerse, su músculo aprieta sus propios vasos, y la sangre entra sobre todo cuando se relaja. Por eso, cuando el corazón late muy deprisa, el tiempo de relajación se acorta y le queda menos tiempo para regarse.
Un músculo que exprime el oxígeno. Ya en reposo, el corazón extrae de la sangre que le llega entre el 60 y el 70 % de su oxígeno, mucho más que la mayoría de los tejidos. Como apenas le queda margen para exprimir más, cuando necesita más oxígeno la solución es que le llegue más sangre: las coronarias se dilatan.
El combustible. El corazón adulto obtiene la mayor parte de su energía de las grasas, y también usa glucosa, lactato y cuerpos cetónicos según lo que haya disponible. Es un músculo muy rico en mitocondrias, las centrales energéticas de la célula, que ocupan cerca de un tercio del volumen de sus células.
Curiosidad: durante el ejercicio, los músculos producen lactato, y el corazón lo aprovecha como combustible. Lo que para unos es un resto, para él es comida.
Términos para ir más allá: arterias coronarias, perfusión en diástole, extracción de oxígeno, metabolismo miocárdico, ácidos grasos, lactato, mitocondrias, isquemia, angina de pecho, infarto de miocardio.
Qué es. La presión arterial es la fuerza con la que la sangre empuja contra las paredes de las arterias. Se da con dos números, por ejemplo 120/80 mmHg. El primero, la presión sistólica, es la máxima: se alcanza cuando los ventrículos se contraen y lanzan la sangre. El segundo, la diastólica, es la mínima: la que queda mientras el corazón se relaja.
Por qué no baja a cero. Si el corazón bombea a golpes, ¿por qué la presión no cae a cero entre latido y latido? Porque la aorta y las grandes arterias son elásticas. Con cada contracción se estiran y guardan parte del empuje, y mientras el corazón se relaja, recuperan su forma y siguen empujando la sangre. Así un bombeo a golpes se convierte en un flujo casi continuo.
No depende solo del corazón. La presión resulta de dos cosas: cuánta sangre envía el corazón cada minuto y cuánta resistencia encuentra en el camino. Esa resistencia la ponen sobre todo las arterias más pequeñas, que pueden abrirse o estrecharse. También influyen la cantidad total de sangre, que controlan sobre todo los riñones, y la rigidez de las arterias, que aumenta con la edad.
Cómo se mantiene estable. En las paredes de las carótidas, en el cuello, y del cayado de la aorta hay unos sensores de presión, los barorreceptores. Cuando la presión baja, avisan al cerebro, y en cuestión de segundos el corazón se acelera y las arterias pequeñas se estrechan; cuando sube, ocurre lo contrario. A más largo plazo, los riñones y varias hormonas ajustan la cantidad de agua y sal del cuerpo, y con ella el volumen de sangre.
Curiosidad: al ponerte de pie de golpe, la gravedad hace que entre medio litro y un litro de sangre se quede en las piernas y el abdomen. Los barorreceptores lo detectan y en segundos aceleran el corazón y estrechan los vasos. Si tardan un poco, notas ese breve mareo al levantarte deprisa.
Términos para ir más allá: presión arterial, presión sistólica, presión diastólica, mmHg, resistencia vascular periférica, elasticidad arterial, barorreceptores, hipotensión ortostática, hipertensión arterial.
Después de ver cómo funciona, toca lo que lo hace asombroso: cuatro cifras de un motor que no se detiene y dos sorpresas sobre cómo se coordina.
1. Una bomba sin taller.
Imagina que tuvieras que diseñar una bomba que funcionara sin parar durante más de 80 años, sin ningún mantenimiento externo, y que ajustara sola su caudal de unos 5 a más de 20 litros por minuto según lo que necesites. Ese aparato ya existe: es el corazón.
2. Las cifras de una vida.
A unos 70 latidos por minuto, el corazón late unas 100.000 veces al día. En 80 años son cerca de 3.000 millones de latidos y unos 200 millones de litros de sangre bombeada, lo bastante para llenar unas 80 piscinas olímpicas.
3. La energía de un día.
Cada latido del ventrículo izquierdo hace un trabajo mecánico de alrededor de un julio. Sumados todos los de un día, equivalen a subir a una persona de 70 kilos a más de 130 metros de altura, como a lo alto de un edificio de más de 40 pisos. A veces se lee que esa energía bastaría para mover un camión 30 kilómetros, pero eso es un mito: haría falta cientos de veces más. Para hacer ese trabajo, el corazón, que pesa un 0,5 % del cuerpo, gasta en torno al 9 % de la energía que consumimos en reposo.
4. No se regenera como el hígado.
El hígado puede volver a crecer. El corazón está en el extremo opuesto: sus células musculares apenas se renuevan, alrededor de un 1 % al año a los 25 años y menos de un 0,5 % a los 75. A lo largo de toda una vida se sustituye menos de la mitad de ellas. Por eso, tras un infarto, la zona que muere no se recupera: se convierte en una cicatriz que no se contrae.
5. Células que se ponen de acuerdo.
Si se separan células musculares del corazón de un embrión o de un recién nacido y se cultivan en el laboratorio, cada una late por su cuenta, a su propio ritmo. Cuando crecen hasta tocarse, forman entre ellas unas uniones que dejan pasar la corriente eléctrica, las uniones comunicantes (en inglés, gap junctions), y empiezan a latir a la vez, normalmente al ritmo de la más rápida. Es lo mismo que ocurre en el corazón entero: millones de células conectadas que se contraen como si fueran una sola.
6. Un "pequeño cerebro" en el corazón.
Sobre la superficie del corazón, agrupadas en pequeños nudos nerviosos, hay una red propia de neuronas: decenas de miles, en torno a 40.000 según algunos recuentos. Es el sistema nervioso intrínseco del corazón, al que algunos investigadores llaman "el pequeño cerebro del corazón". Recibe información local, como cuánto se estiran sus paredes o qué sustancias le llegan, y puede hacer ajustes finos del ritmo por su cuenta y muy deprisa. Pero no piensa ni decide por libre: trabaja en conversación continua con el cerebro, que sigue dando las órdenes generales. Buena parte de lo que se sabe procede todavía de estudios en animales.
Términos para ir más allá: trabajo cardíaco, gasto energético en reposo, renovación de cardiomiocitos, regeneración cardíaca, cicatriz miocárdica, uniones comunicantes (gap), sincitio funcional, sistema nervioso intrínseco cardíaco.
Lo que debería quedar después de "Profundizar":
El corazón no es solo un músculo. Es un sistema eléctrico, mecánico e hidráulico que tiene que mantenerse sincronizado con los vasos y con las necesidades cambiantes del cuerpo.
El nombre asusta, pero no significa que el corazón se pare. Significa que no consigue bombear la sangre que el cuerpo necesita, o que solo lo consigue a costa de llenarse a una presión más alta de lo normal. Es frecuente: afecta a alrededor del 1 o 2 % de los adultos, y a más de una de cada diez personas por encima de los 70 años.
Puede tener muchos orígenes, y casi todos aparecen en este tema: un infarto que dejó una cicatriz (bloque 5), una presión arterial alta durante años (bloque 6), una válvula que no abre o no cierra bien (bloque 2), un ritmo alterado (bloque 3) o una enfermedad del propio músculo.
Dos maneras de fallar. En unos casos el músculo se debilita y empuja poco: en cada latido expulsa bastante menos de la mitad de la sangre que contiene, cuando lo normal es algo más de la mitad. En otros, el músculo empuja bien pero se ha vuelto rígido y se llena mal. El resultado se parece: llega menos sangre de la necesaria y se acumula detrás.
Por qué se acumula líquido. Recuerda que las dos bombas van en serie (bloque 1). Si una se queda atrás, la sangre se embalsa detrás de ella. Cuando falla la izquierda, el atasco llega a los pulmones, y aparece el ahogo, sobre todo al hacer esfuerzos o al tumbarse. Cuando falla la derecha, se acumula en el resto del cuerpo, y se hinchan los tobillos y las piernas.
Además de los tratamientos con medicamentos, que no son objeto de esta aplicación, la medicina dispone de aparatos que ayudan o sustituyen a cada pieza que has conocido en el tema.
La chispa: el marcapasos. Es un pequeño aparato con batería que se coloca bajo la piel, cerca de la clavícula, y se conecta al corazón con unos cables finos. Vigila el ritmo y, si el corazón va demasiado lento o la señal se bloquea por el camino, envía pequeños impulsos eléctricos que hacen lo que la chispa natural ya no consigue. Algunos modelos tienen un cable más y coordinan los dos ventrículos para que vuelvan a contraerse a la vez: es la resincronización.
El vigilante: el desfibrilador implantable. Se parece a un marcapasos, pero su misión es otra: detectar un ritmo muy rápido y peligroso y cortarlo, con impulsos o con una pequeña descarga, para devolver el corazón a su ritmo normal.
Las puertas: las válvulas artificiales. Una válvula dañada puede sustituirse por una mecánica, de material artificial, o por una biológica, fabricada con tejido animal. Algunas se colocan sin abrir el pecho: se introducen plegadas por una arteria de la pierna, a través de un catéter, y se despliegan en su sitio.
Una bomba de ayuda: la asistencia ventricular. Cuando el ventrículo izquierdo ya no puede con su trabajo, se puede implantar una pequeña bomba que recoge la sangre del ventrículo y la impulsa hacia la aorta. Se usa para esperar un trasplante o como solución definitiva.
Sustituir el motor: trasplante y corazón artificial. Cuando nada de lo anterior basta, queda el trasplante. El primero de un corazón humano lo hizo el cirujano Christiaan Barnard en Ciudad del Cabo, en 1967. Como viste en el bloque 3, el corazón trasplantado late con su propio marcapasos aunque llegue sin nervios. También existe un corazón artificial total, pero hoy se usa sobre todo de forma temporal, mientras se espera un corazón donado.
Curiosidad: muchas bombas de asistencia ventricular modernas mueven la sangre de forma continua, sin golpes. Por eso algunas personas que las llevan apenas tienen pulso en la muñeca, aunque la sangre circule con normalidad.
Términos para ir más allá: insuficiencia cardíaca, fracción de eyección, congestión pulmonar, edema, marcapasos, terapia de resincronización cardíaca, desfibrilador automático implantable, prótesis valvular, implante percutáneo de válvula aórtica (TAVI), dispositivo de asistencia ventricular, trasplante cardíaco, corazón artificial total.
Las fuentes que respaldan este tema, agrupadas por bloque. Cuando un artículo requiere acceso de pago, lo indicamos.
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Anatomy and Physiology 2e Gratuitoen inglés
Libro de texto abierto. El capítulo 19 explica dónde está el corazón, sus cámaras y válvulas, los ruidos del latido, el sistema eléctrico y el ciclo cardíaco; el capítulo 20, la presión arterial y cómo se regula.
Título: OpenStax Anatomy and Physiology 2e, capítulos 19 y 20
Derivation of new reference tables for human heart weights in light of increasing body mass index en inglés
Cuánto pesa un corazón sano: en torno al 0,5 % del peso corporal.
Título: Derivation of new reference tables for human heart weights Gaitskell 2011
Revised estimates for the number of human and bacteria cells in the body Gratuitoen inglés
Cuántas células tiene el cuerpo humano: unos 30 billones.
DOI: 10.1371/journal.pbio.1002533
Changes in resting and exercise hemodynamics early after heart transplantation: a simulation perspective Gratuitoen inglés
Por qué un corazón trasplantado late más rápido en reposo: le falta el freno del nervio vago.
DOI: 10.3389/fphys.2020.579449
Physiology, Cardiac Output Gratuitoen inglés
Qué es el gasto cardíaco, cuánto vale en reposo y en ejercicio, y la ley de Frank-Starling.
NCBI Bookshelf: NBK470455
Physiology, Coronary Circulation Gratuitoen inglés
Cuánta sangre reciben las coronarias, por qué el ventrículo izquierdo se riega sobre todo al relajarse y cuánto oxígeno extrae.
NCBI Bookshelf: NBK482413
Myocardial fatty acid metabolism in health and disease en inglés
Qué combustibles usa el corazón: sobre todo grasas, y también glucosa, lactato y cuerpos cetónicos.
Título: Myocardial fatty acid metabolism in health and disease Lopaschuk 2010
Evidence for cardiomyocyte renewal in humans Gratuitoen inglés
Cuánto se renuevan las células musculares del corazón a lo largo de la vida.
DOI: 10.1126/science.1164680
Specific metabolic rates of major organs and tissues across adulthood Gratuitoen inglés
Cuánta energía gasta en reposo cada órgano, corazón incluido.
DOI: 10.3945/ajcn.2010.29885
In vitro studies on single beating rat heart cells. II. Intercellular communication en inglés
El experimento clásico: células del corazón cultivadas que laten por separado y se sincronizan al entrar en contacto.
Título: In vitro studies on single beating rat heart cells Harary Farley 1963
Potential clinical relevance of the 'little brain' on the mammalian heart en inglés
Qué es el sistema nervioso propio del corazón y cómo dialoga con el cerebro.
Título: Potential clinical relevance of the little brain on the mammalian heart Armour 2008
2021 ESC Guidelines for the diagnosis and treatment of acute and chronic heart failure Gratuitoen inglés
La guía europea de referencia: qué es la insuficiencia cardíaca, cuántas personas la tienen, sus tipos y los aparatos que se usan.
DOI: 10.1093/eurheartj/ehab368
Congestive Heart Failure Gratuitoen inglés
Resumen de las causas y de por qué el fallo de cada lado del corazón acumula líquido en un sitio distinto.
Título: StatPearls Congestive Heart Failure
Anatomy and Physiology 2e (OpenStax, capítulo 19) · Physiology, Cardiac Output (StatPearls) · Evidence for cardiomyocyte renewal in humans (Bergmann, 2009). Las tres, gratuitas y en inglés; sus fichas están arriba.