Respiras unas 20.000 veces al día sin pensarlo. Parece que solo metes y sacas aire, pero detrás hay una de las obras más finas del cuerpo.
Respirar parece una misión sencilla: meter aire y sacarlo. En realidad, los pulmones tienen que llevar ese aire hasta una superficie enorme y microscópica, intercambiar gases con la sangre, mantenerse abiertos, defenderse de lo que respiramos y ajustar el ritmo a cada momento. Todo a la vez, y sin descanso.
Los dos pulmones ocupan casi todo el pecho, a cada lado del corazón, protegidos por las costillas y apoyados sobre el diafragma. No son iguales: el derecho tiene tres partes, llamadas lóbulos, y el izquierdo solo dos, porque deja un hueco para el corazón. Son blandos, esponjosos y muy ligeros, porque están llenos de aire.
El verdadero problema no es que el aire entre por la nariz. Eso, por sí solo, no sirve de nada. El oxígeno tiene que llegar hasta la sangre, y el dióxido de carbono, el CO₂ que producen las células al trabajar, tiene que hacer el camino contrario. Y hay una sorpresa: los pulmones no "aspiran" por sí mismos. No tienen músculo propio. El trabajo lo hacen sobre todo el diafragma y otros músculos que los rodean.
Los pulmones son una enorme superficie microscópica diseñada para acercar aire y sangre, y cada una de sus piezas resuelve algo concreto.
Para acercar el aire a la sangre, el sistema respiratorio divide una vía grande en ramas cada vez más pequeñas. El aire baja por la tráquea, pasa a los bronquios y a los bronquiolos, y llega por fin a los alvéolos: unas bolsitas diminutas donde se hace el intercambio de gases. Es la lógica de un árbol puesto boca abajo: un tronco, muchas ramas y una superficie enorme al final. Así el aire se reparte por todo el pulmón sin necesitar una sola cavidad gigante.
¿Cómo entra el aire si los pulmones no tienen motor? La solución está debajo de ellos. El diafragma es un músculo con forma de cúpula que separa el pecho del abdomen. Al inspirar, se contrae y baja, y el tórax se agranda. La presión dentro de los pulmones baja un poco, y el aire de fuera entra solo. Al relajarse, el pulmón y la pared del tórax vuelven a su sitio y el aire sale. Los pulmones no son dos globos que se inflan solos: son estructuras elásticas que siguen los cambios de tamaño del tórax.
En los alvéolos, el aire y la sangre están separados por una barrera finísima. No se mezclan, pero los gases pueden atravesarla. El oxígeno pasa del aire a la sangre, y el CO₂ hace el recorrido contrario y sale después con la espiración. La eficacia depende de una idea elegante: mucha superficie, una barrera muy fina y una red muy densa de vasos diminutos, los capilares. El pulmón sacrifica grosor para ganar velocidad.
Las paredes de los alvéolos están húmedas por dentro, y esa humedad tira de ellas hacia dentro, como si quisiera cerrarlas. La solución es una sustancia que recubre el interior de los alvéolos, el surfactante. Funciona un poco como el jabón en una pompa: reduce esa fuerza y permite que los alvéolos se mantengan abiertos y se inflen con mucho menos esfuerzo. Es una solución microscópica para un problema mecánico enorme.
No basta con que llegue aire. Un alvéolo lleno de aire sirve de poco si no pasa sangre a su lado, y una zona con mucha sangre pero sin aire tampoco puede intercambiar gases. El pulmón tiene que emparejar dos flujos, y lo hace incluso desviando sangre lejos de las zonas mal ventiladas para aprovechar mejor las demás. Aquí aparece el puente con el corazón: su lado derecho envía la sangre a los pulmones, los pulmones la oxigenan y su lado izquierdo la reparte por todo el cuerpo.
Respirar es exponerse al exterior: con cada inspiración entran también polvo, microbios y partículas. El sistema respiratorio tiene que defenderse sin bloquear el paso del aire. La nariz filtra, calienta y humedece el aire. El moco atrapa las partículas, y unos pelillos microscópicos, los cilios, lo empujan hacia la garganta. La tos ayuda a expulsarlo. Y en los alvéolos, adonde llega muy poco, unas células del sistema inmunitario vigilan y se comen lo que consigue llegar tan lejos.
Normalmente no respiramos porque notemos que "falta aire". El cerebro recibe información química y mecánica y ajusta el ritmo de forma automática. La señal más importante, en condiciones normales, es el CO₂: cuando sube, la sangre se vuelve algo más ácida, y el cerebro responde haciéndote respirar más. Por eso, al hacer ejercicio, los músculos producen más CO₂ y respiras más deprisa y más hondo, sin decidirlo.
Cada glóbulo rojo pasa por los capilares de los alvéolos en menos de un segundo: en reposo, unas tres cuartas partes de segundo. Parece poquísimo, pero le sobra. Se carga de oxígeno en el primer tercio del recorrido, y el resto del tiempo queda como reserva. Esa reserva se usa al hacer ejercicio, cuando la sangre corre más deprisa y el tiempo se acorta.
Mientras lees esto, cientos de millones de alvéolos se llenan y se vacían, y tu sangre se carga de oxígeno en menos de un segundo, sin que tengas que acordarte de respirar.
¿Algo que no hayas entendido, o que te gustaría comprender mejor? Pregunta con tus propias palabras.
En "Entender" viste siete problemas resueltos. Aquí vemos cómo lo hacen exactamente los pulmones, cómo viajan los gases por la sangre, qué pasa en la montaña y bajo el agua, y lo que tienen de asombroso.
La entrada. El aire entra por la nariz o la boca, pasa por la faringe y llega a la laringe, donde están las cuerdas vocales. El espacio entre ellas es la glotis. Justo encima hay una pequeña tapa, la epiglotis, que se cierra al tragar para que la comida no se vaya "por el otro lado". Después viene la tráquea, un tubo reforzado con anillos de cartílago en forma de C que impiden que se aplaste.
El árbol. La tráquea se divide en dos bronquios, uno para cada pulmón, y cada rama vuelve a dividirse en dos, una y otra vez. Desde la tráquea hasta los alvéolos hay unas 23 divisiones. Las 16 primeras son solo tubos de paso: llevan el aire, pero no intercambian gases. Es la zona de conducción. En las últimas siete aparecen ya los alvéolos: es la zona respiratoria. Los bronquiolos, las ramas más finas, ya no tienen cartílago, pero sí una capa de músculo que puede abrirlos o cerrarlos un poco.
El aire que no llega. En cada respiración tranquila entra alrededor de medio litro de aire. De ese medio litro, unos 150 mililitros se quedan en los tubos y nunca llegan a los alvéolos: es el espacio muerto. Por eso respirar lento y hondo renueva más aire útil que respirar muy deprisa y muy poco.
Curiosidad: al final del árbol hay unos 480 millones de alvéolos, según el recuento más citado. Pero no hay una cifra única: en ese mismo estudio iban de unos 270 a casi 800 millones, según el tamaño de los pulmones de cada persona.
Términos para ir más allá: laringe, glotis, epiglotis, tráquea, bronquios principales, bronquiolos terminales y respiratorios, generaciones bronquiales, zona de conducción, zona respiratoria, espacio muerto anatómico.
Pegados sin estar pegados. Cada pulmón está envuelto en una doble membrana muy fina, la pleura. Una capa cubre el pulmón y la otra tapiza por dentro la pared del tórax, y entre las dos hay una película de líquido. Las capas pueden deslizarse, pero no separarse, como dos cristales mojados. Gracias a eso, cuando el tórax se agranda, el pulmón lo sigue.
Dos fuerzas opuestas. El pulmón, por ser elástico, tiende siempre a encogerse. La pared del tórax, en cambio, tiende a abrirse hacia fuera. Esas dos fuerzas tiran en sentidos contrarios, y por eso, entre las dos capas de la pleura, la presión es algo más baja que la del aire exterior.
Inspirar. El diafragma se contrae y baja, y los músculos que hay entre las costillas, los intercostales, las levantan y las abren un poco. El tórax gana volumen y la presión dentro de los alvéolos baja ligeramente por debajo de la de fuera. El aire entra hasta que las presiones se igualan. Es pura física: si un recipiente se agranda, la presión del gas que contiene baja.
Espirar. En reposo no hace falta ningún esfuerzo: los músculos se relajan y el pulmón, como una goma estirada, recupera su tamaño y expulsa el aire. Solo cuando soplamos fuerte o hacemos ejercicio intervienen los músculos del abdomen y otros intercostales para sacar el aire más deprisa. En un esfuerzo grande, también ayudan músculos del cuello para inspirar más.
Curiosidad: cuando inflamos un globo, lo llenamos empujando aire desde dentro. Los pulmones funcionan al revés: se llenan porque el tórax "tira" de ellos desde fuera. Los respiradores de los hospitales, en cambio, suelen trabajar empujando el aire hacia dentro, como quien infla un globo.
Términos para ir más allá: pleura visceral y parietal, líquido pleural, presión intrapleural, ley de Boyle, músculos intercostales, músculos accesorios, retracción elástica, ventilación con presión positiva, neumotórax.
Sin bombas: difusión. Ningún mecanismo empuja el oxígeno hacia la sangre. Los gases pasan solos desde donde hay más hacia donde hay menos, como el olor de un perfume que se extiende por una habitación. El aire de los alvéolos tiene mucho más oxígeno que la sangre que llega, así que el oxígeno pasa a la sangre. Con el CO₂ ocurre lo contrario: la sangre trae más que el aire, y lo suelta. A este intercambio en el pulmón se le llama hematosis.
Las tres claves. La primera es la superficie: todos los alvéolos juntos suman entre 50 y más de 100 metros cuadrados, según cómo se mida, lo que ocupa un piso amplio. La segunda, la barrera: en buena parte de su superficie mide solo dos o tres diezmilésimas de milímetro, cientos de veces menos que una hoja de papel. Y la tercera, la red de capilares: cada alvéolo está envuelto en ellos, de modo que la sangre se extiende como una película finísima. En reposo, en esos capilares hay solo unos 70 mililitros de sangre a la vez, repartidos por toda esa superficie.
El tiempo. Un glóbulo rojo tarda unas tres cuartas partes de segundo en atravesar los capilares de los alvéolos, y en ese camino pasa por dos o tres de ellos. Se carga de oxígeno en el primer tercio. Es el margen que se usa en el ejercicio, o el que se pierde cuando la barrera se engrosa por una enfermedad.
Curiosidad: el CO₂ atraviesa la barrera unas 20 veces más deprisa que el oxígeno, porque se disuelve mucho mejor en agua. Por eso, cuando la barrera se daña, lo primero que suele faltar es el oxígeno, no la salida del CO₂.
Términos para ir más allá: hematosis, difusión, presión parcial, membrana alveolocapilar, neumocitos tipo I, capilares pulmonares, tiempo de tránsito, capacidad de difusión.
El problema del agua. Las moléculas de agua se atraen entre sí. Por eso la fina capa húmeda que tapiza los alvéolos se comporta como una piel elástica que tiende a encogerse y a cerrar la bolsita. Es la tensión superficial, la misma que permite a algunos insectos caminar sobre el agua. Y el problema es mayor cuanto más pequeña es la bolsita: un alvéolo pequeño necesitaría más presión que uno grande para mantenerse abierto.
La solución: el surfactante. Unas células de la pared del alvéolo, los neumocitos tipo II, fabrican una mezcla de grasas y proteínas que se extiende sobre esa capa de agua y reduce la tensión. Su efecto es mayor cuando el alvéolo se hace pequeño, al espirar, justo cuando más falta hace. Así los alvéolos pequeños no se cierran ni se vacían en los grandes.
La elasticidad, a favor. Las paredes del pulmón tienen fibras elásticas que tienden a devolverlo a su tamaño. Es lo que permite espirar sin esfuerzo. El pulmón sano está en un equilibrio delicado: lo bastante elástico para vaciarse solo y lo bastante blando para llenarse sin esfuerzo.
Curiosidad: el feto empieza a fabricar surfactante hacia la semana 20 del embarazo, pero tarda en tener suficiente. Por eso, en los bebés muy prematuros, la falta de surfactante puede dificultar mucho la respiración. En un gran estudio, ese problema aparecía en casi todos los nacidos en la semana 24, en alrededor de uno de cada veinte nacidos en la semana 34 y en menos de uno de cada cien al llegar a la semana 37. Es una demostración directa de lo importante que es esta fina película.
Términos para ir más allá: tensión superficial, ley de Laplace, surfactante pulmonar, neumocitos tipo II, fibras elásticas, distensibilidad pulmonar, síndrome de dificultad respiratoria del recién nacido, atelectasia.
Dos flujos parecidos. Por los pulmones pasa toda la sangre que bombea el corazón, unos 5 litros por minuto en reposo. Y a los alvéolos llega, más o menos, una cantidad parecida de aire nuevo cada minuto. La relación entre los dos flujos se llama relación ventilación-perfusión, y se abrevia V/Q: la V es el aire y la Q, la sangre.
Cuando no coinciden. Hay dos maneras de fallar. Puede llegar aire a una zona por la que no pasa sangre, por ejemplo si un coágulo tapa un vaso: ese aire se desperdicia. O puede pasar sangre por una zona sin aire, por ejemplo si los alvéolos están llenos de líquido: esa sangre vuelve al corazón sin oxigenarse.
El pulmón corrige. Cuando una zona del pulmón recibe poco aire, los pequeños vasos que la riegan se estrechan y la sangre se desvía hacia zonas mejor ventiladas. Es la vasoconstricción pulmonar hipóxica.
Un circuito de baja presión. La sangre llega a los pulmones con mucha menos presión que al resto del cuerpo: es el trabajo suave del lado derecho del corazón. Por eso, de pie, la gravedad hace que la base de los pulmones reciba más sangre que la parte alta. También recibe más aire, aunque no en la misma proporción, así que el emparejamiento nunca es perfecto en todos los rincones.
Curiosidad: en casi todo el cuerpo, cuando falta oxígeno, los vasos se abren para que llegue más sangre. En el pulmón ocurre lo contrario: se cierran. Tiene sentido, porque aquí la sangre no viene a buscar oxígeno para el tejido, sino a cargarlo, y no tiene sentido mandarla adonde no lo hay.
Términos para ir más allá: ventilación alveolar, perfusión, relación ventilación-perfusión (V/Q), vasoconstricción pulmonar hipóxica, espacio muerto fisiológico, cortocircuito (shunt), zonas de West.
La nariz, primer filtro. Los pelos de la nariz y sus pliegues internos frenan las partículas más grandes. Al pasar por ella, el aire además se calienta y se humedece, para que llegue a los pulmones en mejores condiciones que si entrara directamente por la boca.
La escalera mecánica de moco. Los tubos del árbol respiratorio están tapizados por células que fabrican moco y por células con cilios. El moco es pegajoso y atrapa polvo y microbios. Los cilios baten entre 10 y 20 veces por segundo, todos en la misma dirección, y empujan el moco hacia arriba, hacia la garganta, a una velocidad de medio a un centímetro por minuto. Allí lo tragamos sin darnos cuenta o lo expulsamos al toser.
La tos. Es un reflejo: cuando algo irrita las vías respiratorias, el cuerpo toma aire, cierra la glotis, aprieta y la abre de golpe, y el aire sale a gran velocidad arrastrando lo que molesta.
Los vigilantes del fondo. Solo las partículas más pequeñas, de menos de unas tres a cinco milésimas de milímetro, llegan hasta los alvéolos. Allí la defensa cambia: patrullan unas células del sistema inmunitario, los macrófagos alveolares, que buscan las partículas, las engullen y, si son microbios, los destruyen. Si la amenaza es grande, llaman a otras células defensoras para que acudan.
Curiosidad: los alvéolos no pueden cubrirse de una capa gruesa de moco, porque eso frenaría el paso de los gases. Por eso, al llegar allí, la defensa cambia de estrategia y los protagonistas pasan a ser los macrófagos.
Términos para ir más allá: epitelio respiratorio, células caliciformes, cilios, aclaramiento mucociliar, reflejo de la tos, macrófagos alveolares, partículas finas (PM2,5).
El centro de mando. El ritmo de la respiración nace en el tronco del encéfalo, la parte del cerebro que lo une con la médula espinal. En el bulbo raquídeo hay grupos de neuronas que marcan el ritmo básico y dan la orden al diafragma y a los intercostales. Otros grupos, en la protuberancia, suavizan el paso de inspirar a espirar. Todo esto funciona solo, también mientras dormimos. Pero la parte consciente del cerebro puede tomar el mando un rato: para hablar, cantar, soplar o contener la respiración.
¿Cómo dan órdenes las neuronas?Tejidos · Tejido nerviosoLos sensores. Unos sensores químicos situados en el propio bulbo vigilan el CO₂ a través de la acidez del líquido que rodea al cerebro. Otros, en el cuello y junto a la aorta, vigilan sobre todo el oxígeno de la sangre, aunque solo reaccionan con fuerza cuando baja bastante. Y en los pulmones hay sensores que avisan de cuánto se han estirado.
El CO₂ manda. En condiciones normales, la señal que más pesa es el CO₂, no el oxígeno. Si sube un poco, la sangre se vuelve algo más ácida y el centro respiratorio responde enseguida aumentando la respiración. En el ejercicio, los músculos producen mucho más CO₂, y la respiración aumenta para expulsarlo y mantener el equilibrio.
Curiosidad: podemos contener la respiración un tiempo, pero el control automático acaba imponiéndose. Lo que sobre todo empuja a volver a respirar no es la falta de oxígeno, sino el CO₂ que se acumula. No es lo único: el pulmón quieto y el oxígeno que baja también cuentan, y los científicos todavía no tienen una explicación completa de ese momento.
Términos para ir más allá: tronco del encéfalo, bulbo raquídeo, grupos respiratorios dorsal y ventral, grupo respiratorio pontino, quimiorreceptores centrales y periféricos, cuerpos carotídeos, pH, hipercapnia, apnea voluntaria.
El oxígeno viaja en taxi. El oxígeno se disuelve muy mal en agua, así que casi nada viaja suelto: alrededor del 98,5 % va enganchado a la hemoglobina, una proteína de los glóbulos rojos, y solo el 1,5 % va disuelto. Cada molécula de hemoglobina puede llevar hasta cuatro moléculas de oxígeno.
Un taxi que sabe dónde parar. La hemoglobina coge oxígeno en los pulmones, donde abunda, y lo suelta en los tejidos, donde escasea. Además lo suelta con más facilidad donde hay más CO₂, más acidez y más calor, que es justo lo que ocurre en un músculo que trabaja. Así, el que más trabaja recibe más.
Una reserva que viaja de vuelta. En reposo, los tejidos solo toman alrededor de una cuarta parte del oxígeno que les llega. La sangre que vuelve al corazón todavía lleva unas tres cuartas partes. Es una reserva que se usa cuando hace falta, por ejemplo al hacer ejercicio.
El CO₂ viaja de tres maneras. Alrededor del 70 % viaja transformado en bicarbonato, gracias a una enzima de los glóbulos rojos; en torno al 23 %, enganchado a la hemoglobina; y un 7 %, disuelto. En los pulmones, el camino se recorre al revés y el CO₂ sale con el aire.
Curiosidad: la sangre de las arterias es de un rojo intenso, porque va cargada de oxígeno, y la de las venas es de un rojo más oscuro. Pero nunca es azul. Si las venas se ven azuladas bajo la piel es por cómo la piel y los tejidos absorben y reflejan la luz.
Términos para ir más allá: hemoglobina, oxihemoglobina, curva de disociación de la hemoglobina, efecto Bohr, anhidrasa carbónica, bicarbonato, carbaminohemoglobina, saturación venosa, monóxido de carbono.
En la montaña. A cualquier altura, el aire sigue teniendo un 21 % de oxígeno. Lo que cambia es la presión: cuanto más subes, menos aire hay encima y menos empuja. Hacia los 5.500 metros, la presión es más o menos la mitad que a nivel del mar, y en la cima del Everest, alrededor de un tercio. Con menos presión, el oxígeno tiene menos "empuje" para atravesar la barrera del alvéolo.
Cómo se adapta el cuerpo. Lo primero es respirar más: los sensores del oxígeno lo notan y el ritmo aumenta. Es la respuesta más importante, y en la cima del Everest llega a ser extrema. El corazón también late más deprisa. Y, a lo largo de días y semanas, los riñones fabrican más eritropoyetina, la hormona que ordena producir glóbulos rojos, y la sangre gana capacidad de transporte.
Bajo el agua. Al bucear a pulmón ocurre lo contrario con la presión: cada 10 metros de agua suman una atmósfera más, y el aire de los pulmones se comprime. Y aparece el reflejo de inmersión: al meter la cara en agua fría, el corazón se frena y los vasos de la piel y las extremidades se estrechan, para guardar el oxígeno para el corazón y el cerebro.
Curiosidad: los mamíferos marinos llevan este reflejo al extremo. En la ballena azul, el corazón late de 25 a 37 veces por minuto en superficie, y en las inmersiones profundas baja a 4 u 8, e incluso a 2: un frenazo de más del 90 %. Y no es un reflejo ciego: las marsopas ajustan cuánto frenan el corazón según lo larga que va a ser la inmersión que van a hacer, como si lo decidieran de antemano.
Términos para ir más allá: presión barométrica, presión parcial de oxígeno, hipoxia, aclimatación, eritropoyetina, reflejo de inmersión, bradicardia, mal agudo de montaña.
Después de ver cómo funcionan, toca lo que los hace asombrosos: cinco detalles de un órgano que casi nunca notamos.
1. Un piso entero dentro del pecho.
Si se pudieran extender todos los alvéolos, ocuparían entre 50 y más de 100 metros cuadrados, la planta de un piso amplio, plegados dentro del pecho. Y todo eso, cubierto por una barrera cientos de veces más fina que una hoja de papel.
2. Las cifras de un día.
En reposo respiramos unas 15 veces por minuto, medio litro cada vez. Al cabo del día son más de 20.000 respiraciones y unos 10.000 litros de aire, lo que cabe en unas 50 bañeras llenas.
3. Los pulmones flotan.
Un pulmón que ha respirado flota en el agua, porque nunca se vacía del todo: incluso después de soplar con todas tus fuerzas, siempre queda aire dentro. Ese aire que siempre se queda, el volumen residual, también ayuda a que los alvéolos no se cierren.
4. El hipo.
Es un reflejo involuntario: el diafragma y los músculos de entre las costillas se contraen de golpe, como para una inspiración brusca, y justo después la glotis se cierra de repente. Ese cierre es el que produce el "hic". Cada ataque puede repetirse de 4 a 60 veces por minuto.
5. Un pulmón que no respira hasta nacer.
Antes de nacer, los alvéolos están llenos de líquido, no de aire, y el oxígeno llega por la placenta. Los vasos del pulmón están cerrados y casi toda la sangre se desvía por otros caminos. Con las primeras respiraciones, los alvéolos se llenan de aire, los vasos se abren y la sangre empieza a pasar por los pulmones. En pocos minutos, la circulación cambia de recorrido.
Términos para ir más allá: superficie alveolar, volumen corriente, frecuencia respiratoria, volumen residual, capacidad pulmonar total, hipo (singulto), circulación fetal, primera respiración.
Lo que debería quedar después de "Profundizar":
Respirar parece sencillo porque los pulmones resuelven en silencio un problema muy difícil: acercar el aire y la sangre lo suficiente para que se entiendan, sin llegar nunca a mezclarse.
Casi todas las enfermedades del pulmón se entienden mejor si se piensa en cuál de los siete problemas del tema deja de resolverse. Aquí no se habla de tratamientos, solo de qué es lo que falla.
| Enfermedad | Qué falla | Problema del tema |
|---|---|---|
| Asma | Las vías respiratorias se inflaman y su músculo se contrae; el aire pasa con más dificultad. Suele ir y venir. | 1 · el árbol |
| EPOC | Obstrucción persistente del paso del aire y, en algunos casos, pérdida de paredes de alvéolos y de superficie de intercambio. | 1 y 3 · el árbol y la superficie |
| Fibrosis pulmonar | El tejido entre los alvéolos se engrosa y cicatriza: el pulmón se vuelve rígido y la barrera, más gruesa. | 2, 3 y 4 · la mecánica, la barrera y la elasticidad |
| Neumonía | Una infección inflama los alvéolos y los llena de líquido y células: llega sangre, pero no aire. | 5 · el emparejamiento |
| Embolia pulmonar | Un coágulo tapa de golpe un vaso del pulmón: llega aire, pero no sangre. | 5 · el emparejamiento |
| Atelectasia | Un grupo de alvéolos se cierra y deja de participar en el intercambio. | 4 · los alvéolos abiertos |
Lo frecuentes que son. Según la Organización Mundial de la Salud, el asma afectaba en 2023 a unos 363 millones de personas, y es la enfermedad crónica más frecuente en la infancia. La EPOC causó ese mismo año unos 3,4 millones de muertes y es la tercera causa de muerte en el mundo.
El humo del tabaco ataca a la vez varias de las piezas que has conocido. Irrita e inflama las vías respiratorias. Daña la escalera mecánica de moco: en las personas que fuman, los cilios son más cortos, y el moco se barre peor. Y con los años puede destruir paredes de alvéolos, lo que reduce la superficie de intercambio. Así afecta a la vez a la defensa, a la mecánica y al intercambio de gases.
En los países de ingresos altos, el tabaco está detrás de más del 70 % de los casos de EPOC. En los países con menos recursos pesa mucho también el humo de cocinar o calentarse con leña o carbón dentro de casa. Las partículas más finas del aire contaminado son las más peligrosas, porque son las que llegan hasta los alvéolos (bloque 6).
Términos para ir más allá: asma, broncoconstricción, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), enfisema, fibrosis pulmonar, neumonía, embolia pulmonar, atelectasia, tabaquismo, contaminación del aire interior, partículas finas.
Las fuentes que respaldan este tema, agrupadas por bloque. Cuando un artículo requiere acceso de pago, lo indicamos.
Las fuentes se muestran como cita, sin enlace: copia el título o el DOI y búscalo por tu cuenta. Así esta aplicación no te envía a webs externas que puedan pedirte cookies.
Anatomy and Physiology 2e Gratuitoen inglés
Libro de texto abierto. El capítulo 22 explica los pulmones y sus lóbulos, la pleura, cómo se mueve el aire, los volúmenes respiratorios, el control desde el tronco del encéfalo, el transporte del oxígeno y del CO₂ y la adaptación a la altura.
Título: OpenStax Anatomy and Physiology 2e, capítulo 22
West's Respiratory Physiology: The Essentials De pagoen inglés
El manual clásico: las 23 divisiones del árbol, el espacio muerto, la finura de la barrera, el tiempo que pasa el glóbulo rojo en el capilar, la difusión del CO₂, la baja presión del circuito pulmonar y el reparto del aire y la sangre.
Título: West's Respiratory Physiology The Essentials
The number of alveoli in the human lungen inglés
El recuento más citado: unos 480 millones de alvéolos, con mucha diferencia entre personas.
PubMed: 14512270
What makes a good lung? The morphometric basis of lung function Gratuitoen inglés
Cómo está construido el pulmón: superficie de intercambio, grosor de la barrera, volumen de sangre en los capilares y número de alvéolos.
Título: What makes a good lung Weibel 2009
Hypoxic pulmonary vasoconstriction Gratuitoen inglés
Por qué los vasos del pulmón se cierran cuando falta oxígeno, al revés que en el resto del cuerpo.
DOI: 10.1152/physrev.00041.2010
Neonatal Respiratory Distress Syndrome Gratuitoen inglés
Qué es el surfactante, quién lo fabrica, cuándo empieza a producirse y con qué frecuencia faltan en los bebés según la semana de nacimiento.
Título: Neonatal Respiratory Distress Syndrome StatPearls
Defense Mechanisms of the Respiratory System Gratuitoen inglés
Moco y cilios, la velocidad a la que suben, la tos, el tamaño de las partículas que llegan a los alvéolos y los macrófagos.
Título: Defense Mechanisms of the Respiratory System MSD Manual
Smoking is associated with shortened airway cilia Gratuitoen inglés
En las personas que fuman, los cilios de las vías respiratorias son más cortos.
DOI: 10.1371/journal.pone.0008157
Chronic obstructive pulmonary disease (COPD) · Asthma Gratuitoen inglés
Cuántas personas tienen asma, cuántas muertes causa la EPOC y qué parte se debe al tabaco y al humo dentro de casa.
Título: WHO fact sheet COPD / WHO fact sheet asthma
Breath-holding and its breakpointen inglés
Qué nos obliga a volver a respirar: el CO₂ pesa mucho, pero no lo explica todo.
DOI: 10.1113/expphysiol.2005.031625
Singultus Gratuitoen inglés
Cómo se produce el hipo: contracción brusca del diafragma y los intercostales seguida del cierre de la glotis.
NCBI Bookshelf: NBK538225
Oxygen Extraction Ratio Gratuitoen inglés
En reposo, los tejidos toman en torno a una cuarta parte del oxígeno que les llega.
Título: Oxygen Extraction Ratio LITFL
Why do veins appear blue? A new look at an old questionen inglés
Por qué las venas se ven azuladas aunque la sangre que llevan es roja.
Título: Why do veins appear blue Kienle 1996
Respiration at the limit: surviving on the summit of Mt Everest Gratuitoen inglés
La presión en la cima del Everest (un tercio de la del nivel del mar) y la respiración extrema como clave de la aclimatación.
Título: Respiration at the limit surviving on the summit of Mt Everest West
Extreme bradycardia and tachycardia in the world's largest animal Gratuitoen inglés
El primer registro del latido de una ballena azul: de 25-37 latidos por minuto en superficie a solo 2 en profundidad.
DOI: 10.1073/pnas.1914273116
Cognitive control of heart rate in diving harbor porpoisesen inglés
Las marsopas ajustan cuánto frenan el corazón según la duración de la inmersión que van a hacer.
DOI: 10.1016/j.cub.2016.10.020
Anatomy and Physiology 2e, capítulo 22 (OpenStax) · What makes a good lung? (Weibel, 2009) · Defense Mechanisms of the Respiratory System (Manual MSD). Los tres, gratuitos y en inglés; sus fichas están arriba.